06 Dic

Elijo ver la perfección detrás de cada momento difícil

Elijo ver la perfección detrás de cada momento difícil

elijo ver la perfección detrás de cada momento difícil

¡Hola amigos! Les comparto un fragmento de mi diario digital el cual escribo cada unos tantos días para mi propia reflexión. Este lo escribí el pasado 3 de Diciembre. Aquí les va:

Tus vibraciones son órdenes

Hoy es Diciembre 3 y acabo de entrar a escribir en mi diario app. Por defecto la app que uso me lleva a la última nota que escribí y wow, qué sorpresa. La última nota la escribí el 27 de Noviembre y las últimas líneas decían textualmente:

“En estos días quisiera estar sola. Pasarme días en cama haciendo trabajo de conciencia. Me siento cansada así”.

Me causa mucha impresión porque sólo bastó con que el deseo profundo de mi corazón vibrara claro y preciso en la malla energética del universo, para que al par de días ya estuviera manifestándolo en realidad física –aunque hubiese preferido manifestarlo de una forma más gentil, pues lo manifesté en forma de enfermedad–.

Una fuerte ciática me tumbó en cama desde el pasado miércoles 29 de Noviembre y vaya que ha sido el momento perfecto para simplemente descansar, estar sola y hacer mucha introspección.

Es bien curioso que yo haya escrito eso en la última nota de mi diario app porque si bien mi corazón reconocía desde hace semanas que necesitaba eso para equilibrarme; mi mente no parecía darle importancia y por tanto nunca paré, nunca hice la pausa y la ciática llegó a obligatoriamente pausarme y regalarme el espacio que mi corazón necesitaba.

Antes que nada, esto me pone a pensar en las formas de conversación continua que mantenemos con el universo. Esa conversación se da siempre a través de la energía; el universo no entiende palabras sino las vibraciones energéticas de ellas. Yo enseño a mis estudiantes de manifestación cuántica que las emociones que nos permitimos sentir durante tiempo sostenido, son las emociones que estamos pidiendole al universo que nos traiga de vuelta (famosa ley de atracción).  Lo que no deja de impresionarme, incluso siendo profesora de estos temas, es que ese estado de abatimiento y necesidad de pausa con el cual me conecté tanto el lunes pasado y sobre el cual escribí la última nota de mi diario, haya sido una orden inmediata para el universo.

Entonces el miércoles 29 de Noviembre en la noche llegó la ciática. Un dolor que nunca imaginé llegar a sentir. Había escuchado hablar a otros sobre el nervio ciático pero nunca lo contemplé como algo que pudiese llegar a experimentar yo. Y en fin, llegó la ciática regalándome la oportunidad de descanso e introspección que estaba deseando. Llegó con un dolor muy fuerte, un dolor que me inmovilizó. Un dolor que empezaba desde la parte derecha de mi espalda baja y se extendía a toda mi pierna y pie derecho, al punto de ni siquiera poder apoyar el pie. Nunca me sentí tan imposibilitada de hacer mis actividades normales. Me dolía hasta estornudar o reirme.

La ciática y su lección
Luego aprovechando el momento de dolor, me puse a hacer una meditación que aprendí hace un par de años en un seminario con Brian Weiss, en la cual se invita la enfermedad a la meditación, se reconoce como existencia y uno empieza a hacerle preguntas con el fin de descubrir su razón de ser.
Entonces en meditación empecé conversaciones con mi propia ciática. Le pregunté para qué había llegado a mí y qué debía aprender de ella, a lo que su respuesta sentí de inmediato en mi corazón diciéndome:
“llegué para detenerte y pausarte pues no habías sido capaz de tomar la pausa por ti misma. Llegué para hacerte sentir el dolor que guarda tu corazón roto el cual has ignorado por mucho tiempo, y por eso te traigo un dolor tan fuerte el cual no podrás ignorar esta vez. Llegué para darte el tiempo de sentir todas las emociones que no te has permitido sentir y se han quedado dentro de ti. Es tiempo de sacarlas de tu cuerpo”.
 ¡Wow! Yo no me sentía tan mal ni tan quebrada. De hecho conscientemente nunca me hubiese identificado como una persona con el corazón roto, pero fue tan claro para mi corazón y mi alma que lo único que pude hacer mientras sentía esas respuestas, era llorar. Fue uno de los llantos más lindos que he podido llorar (valga la redundancia). Sentí en ese momento el dolor profundo de mi corazón de verdad roto; dolor que se empezaba a liberar con cada lágrima que soltaban mis ojos.

 

En cuestión de un segundo, empecé a recordar la infinidad de ocasiones en las cuales una situación me había dolido pero mi reacción había sido hacerme la fuerte, tragarme el dolor, respirar profundo y seguir adelante. Descubrí que hay una creencia limitante dentro de mí que dice que el dolor es para los débiles, que no hay tiempo para ser débil, que el mundo es de los fuertes y si muestro mi vulnerabilidad, pierdo.

Por más cursi, tonta y hasta cliché que pueda sonar esa creencia, de verdad que me ha estado haciendo daño y la forma de transformar creencias limitantes es justamente haciendo lo opuesto a lo que ella te dice. Por eso estos días de recuperación en cama han sido para:

1. Sentir el dolor que sin saber guardaba dentro de mí con respecto a situaciones importantes de mi vida, y una vez sentido, poder soltarlo.
2. Reconocer la fuente del dolor, es decir, reconocer que realmente mi ego era quien tenía ciertas expectativas; expectativas las cuales en su momento no se cumplieron y entonces me generaron dolor, pero nunca me fue causado por alguien más
3. Darme cuenta que el dolor no es propio de mi alma ni de mi esencia espiritual (ser espíritu); que el dolor es propio de ese ego que vive en nuestra mente, fantasioso y juguetón, el cual nos lleva a apegarnos o relacionar nuestra felicidad a ciertos escenarios específicos
4. Interiorizar energéticamente, una vez más, que mi existencia está totalmente respaldada por la infinita abundancia del universo, el cual sólo me ama y quiere verme plenamente feliz. Entonces quedarse con el dolor sólo nos aleja de esa plenitud.

Durante estos días he viajado en el tiempo y he hecho el ejercicio de recordar situación por situación, revivir el dolor que me causó, y ya con la consciencia de saber que el dolor viene de mi ego, poder sacarlo de planos inconscientes de mi ser. Para eso he estado ahondando en cada situación, en cada persona, en lo que pasó; y al final siempre descubro que el dolor realmente no me lo generaron ellos sino mi propio ego o expectativas.

A las personas con quienes lo he sentido apropiado, les escribí o hablé para armonizar la energía y de verdad cerrar capítulos. Con otras personas o situaciones el ejercicio ha sido a nivel de intención energética. Y bueno, me siento mucho mejor. Con ayuda de terapia neural y la sabiduría de la terapeuta que llevo dentro (y que todos llevamos dentro) he llegado a rincones oscuros que no sabía existían en mi vida pero que inconscientemente me estaban pesando.

No creo que sea ya el fin de todos mis asuntos; no creo que todo esté solucionado. Creo que es un paso más en el camino de evolución. Es un paso más que me acerca a mi verdadera esencia la cual es incondicionalmente amada y amorosa. Me siento más livianita, más clara; me siento lista para seguir escribiendo más capítulos asombrosos en mi vida.

Sobre ser espiritual

Ser espiritual empieza a cobrar más y más sentido cada día que decido vivir a consciencia. Ser espiritual no se trata de hablar con ángeles, hacer mandalas o saberse la filosofía del yoga. Ser espiritual no se trata de meditar 15 minutos dos veces al día con un mantra, de no enfermarse, o de siempre estar felices sin que nada pueda alterarte. Ser espiritual se trata de reconocernos como seres en constante y continuo aprendizaje. Ser espiritual es recuperar el control de lo único sobre lo cual tenemos el control; y esa esa nuestra actitud, nuestra perspectiva. Ser espiritual es irse hondo hacia dentro y auto cuestionarse todo lo que hemos considerado como nuestras verdades o creencias. Preguntarte: ¿de verdad vienen de mí o los adopté como mías? ¿me sirven o no me sirven?. Ser espiritual es tomar cada momento de dificultad como la mejor oportunidad de transformarte, de hacer saltos cuánticos a dimensiones superiores de consciencia y liberarte de todo lo que te ha venido haciendo peso y no te deja salir a volar.
Esta enfermedad para mí ha sido bella. Ha sido bien dolorosa, pero ha sido bella. Agradezco a la ciática, a Dios y a su perfecto universo, tan amoroso e infinito como Él sólo. Y agradezco también a la voluntad del alma mía quien me ha llevado a darme cuenta que el universo es tan amoroso y maravilloso como uno mismo decida creer que es.

El aprendizaje titular detrás de todo esto y que por amor propio me comprometo a aplicar de ahora en adelante, es el de permitirme sentir el dolor por más incómodo que parezca.  Pues hoy sé lo importante que es que el dolor no se quede dentro de nosotros haciendo de las suyas. Sí, es importante superar las situaciones y sólo quedarse en el dolor un rato con el fin de transformarlo, no con el fin de hacerse la víctima. Hay una línea muy delgada entre quedarse sintiendolo como la víctima, y quedarse sintiéndolo para transformarlo. La única y gran diferencia: es que la segunda la hacemos con consciencia y propósito, y eso cambia todo el asunto.

Después de todo esto, sigo dando vivo testimonio que en este universo todo es tan perfecto y exacto, y que nada ni nadie llega por equivocación a nosotros. Todo es una manifestación perfecta de lo que somos, de lo que necesitamos transformar y de lo que necesitamos disfrutar. Uno elige cómo vivir cada momento: desde el miedo y la victimización, o desde el amor y la transformación.

Sobre las historias de dolor que liberé –y con apodos propios–… ya tendremos tiempo para írselas contando poco a poco y sacar lo mejor de ellas.

Con amor,
Andrea